El canal internacional
de noticias en español
más visto en el mundo
Opinión

Para el año de la guerra que viene

Publicado:
Para el año de la guerra que viene

El Año Nuevo, con sus primeros zarpazos, nos recordó quizá lo más importante que debemos integrar a nuestra conciencia como especie: que la humanidad está ante un monstruo y que decirlo no es ninguna exageración ni metáfora.

Este 2026 comenzó mal.

Apenas transcurrían los últimos segundos de 2025 cuando, en Jorly, un pueblito balneario del mar Negro, en los nuevos territorios rusos, un grupo de tres drones ucranianos atacó un restaurante donde un grupo de civiles festejaba el fin de año. Usaron bombas incendiarias para quemar a quienes estaban dentro. Hasta hoy, el saldo del crimen es de 29 muertos, entre ellos dos niños, con varios cuerpos irreconocibles por la incineración y decenas de heridos. Una vez más, los nazis ucranianos y turbas de idiotas que los apoyan están celebrando su nueva 'gran victoria'.

En la madrugada del 3 de enero, las fuerzas aéreas de EE.UU. en una "operación perfecta", según Mr. Trump, con 150 aviones militares atacaron Venezuela, mataron decenas de personas y secuestraron al legítimo presidente del país, Nicolás Maduro, y a su esposa, Cilia Flores. Después se dedicaron a humillar al prisionero, paseándolo en chancletas por la invernal Nueva York y exhibiéndolo como si fuera un animal exótico, trofeo de caza, recordándonos la larga tradición de 'zoológicos humanos' del 'Mundo Civilizado'. Ya no es una simple deshumanización, sino el retorno directo a las cavernas.

La distancia entre Caracas y Jorly es de poco más de diez mil kilómetros, pero en el mapamundi de la guerra contra la humanidad, estos dos puntos son parte del mismo blanco, que según el poder neoliberal mundial debe ser alcanzado y destruido para establecer su dominio global. Un piloto israelí, que dirige su avión hacia lo que queda de Gaza para descargar sus bombas, un terrorista salafita, que "en nombre de Alá" incendia una aldea civil en Burkina Faso o un sicario colombiano que sale en su moto a asesinar a un líder social en una comunidad perdida entre los sembradíos de coca y cafetales, todos ellos son parte del mismo ejército planetario que, de forma directa o indirecta, reciben sus órdenes y sus pagos desde los mismos centros, que trabajan para nuestro exterminio.

Por eso, al principio de este año que promete ser turbulento, me pregunto: ¿y qué hacemos? No firmaré más cartas, no iré más a las marchas, no llenaré las redes sociales con memes o consignas del siglo pasado, tampoco me motiva ir a las elecciones del circo para ricos llamado 'democracia', mientras sé que el enemigo, muy claro en sus objetivos, al parecer siempre logra lo que busca. Me pregunto: ¿realmente queremos ganar? o ¿realmente creemos que podemos ganar? Aquí se mezcla lo más racional y crítico con elementos de la fe.

Este año celebraremos los cien años del latinoamericano más grande de todos los tiempos: Fidel Castro Ruz. Cuando el 2 de diciembre de 1956, en un lugar equivocado de las ciénagas cubanas, se encalló el yate Granma, allí había 82 personas. Después de una serie de calamidades, incluyendo un ataque de la aviación enemiga, en el grupo quedaron doce rebeldes. Desde un punto de vista lógico, en estas circunstancias solo el hecho de sobrevivir ya hubiera sido un gran milagro. Pero Fidel, una persona más que racional, tenía la certeza de que iban a ganar. Por eso, desde el inicio de la guerra revolucionaria, él ordenó llevar un registro fotográfico de los hechos. Él entendía la importancia de conservar eso en la memoria para la educación de la conciencia de las nuevas generaciones. Para mí, esta es una de las lecciones más impresionantes de la Revolución Cubana, hechos que no pueden ser opacados por ningún error o distorsión posterior.

Las verdaderas revoluciones y luchas victoriosas se han ganado solo con el espíritu. Por eso, el enemigo, cuando ataca con sus armas nuestros sueños y nuestros países, también busca siempre destruir los símbolos, los objetos de nuestra inspiración, tratando de borrar los puntos cardinales de nuestra consciencia.

Por eso hoy, para socavar las raíces de nuestras culturas, la hidra capitalista elimina a nivel global cualquier folclor, poesía, memoria histórica, las capacidades humanas de contemplar un paisaje en silencio, la reflexión y sobre todo la imaginación que nos hace ser capaces de cambiar la realidad.

Pero qué alivio es saber que, desde toda su prepotencia y primitiva pretensión de ser todopoderosos, Trump y compañía siguen temiendo a Chávez, a Fidel, al Che, a Allende y a todas las cumbres de la espiritualidad revolucionaria, a donde ellos jamás podrían ni acercarse. La psicología nos enseña que toda arrogancia es el reflejo más inequívoco del temor y la inseguridad. Mientras tengamos su miedo y nuestra memoria viva, no existe razón alguna para quedarnos con los brazos cruzados. Pero no voy a firmar más cartas de protesta para la ONU. Ha llegado el tiempo de revisar nuestras armas, incluyendo el alma.

Antes de esto debemos revisar los recursos materiales. El Occidente colectivo, desde la CIA estadounidense, el MI-6 británico y el Mossad israelí, controlan las grandes redes de comunicaciones, tecnológicas y electrónicas de los principales fabricantes y proveedores del mundo. Sabemos con certeza que nuestras llamadas telefónicas, correos electrónicos y redes sociales de los distintos dispositivos desde hace años son fuente de información para la 'big data', para manipularnos mejor comercial y electoralmente, pero esto incluye en especial cualquier idea política realmente peligrosa para el sistema, que de inmediato llega a ser parte de su conocimiento. Hablando de las soberanías políticas, energéticas, científicas, culturales, militares, alimenticias etc., es importante no olvidar que es imposible construirlas sin una soberanía tecnológica total. Para poder proteger nuestro pensamiento y conocimiento de los que día y noche trabajan para destruirlo. Y en todo caso, seguir tejiendo 'las redes de la resistencia al neoliberalismo' en grupos de Facebook o Whatsapp es un juego infantil que no patrocina ninguna resistencia y significa que no se está entendiendo absolutamente nada del mundo de hoy.

Frente al monstruo que sigue devorándonos uno por uno, a los pueblos y a sus gobiernos, imperfectos o equivocados o lo que sea, no queda otra opción a esos, que creen que merecen y desean salvar su independencia, que la de unirse en una sola fuerza. Porque ahora van por todos y por cada uno. Para poner cuerpo y alma en esta gran tarea, necesitamos una base material y otra espiritual, que elegidas bien siempre se complementan y se abrazan.

En el horizonte de nuestros mares están las naves piratas con galeras preparadas para nuestra mano de obra esclava. Están ahí porque nos tienen miedo. Actuando con inteligencia y decisión, venceremos.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.

RT en Español en vivo - TELEVISIÓN GRATIS 24/7