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Así es como se ve el mundo posoccidental

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El politólogo Farhad Ibragimov señala que la cumbre de Biskek ha revelado cómo la OCS está transformando el poder demográfico y económico en un sistema político funcional.
Así es como se ve el mundo posoccidental

La cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) en Biskek será recordada menos por la foto oficial de grupo que por los líderes presentes —y la relevancia política de reunirlos. Sentados en la misma mesa estuvieron el presidente ruso, Vladímir Putin; el presidente chino, Xi Jinping; el primer ministro indio, Narendra Modi; y los líderes de las naciones de Asia Central, Irán, Pakistán y Bielorrusia. A ellos se sumaron, en la sesión ampliada, los líderes de países socios, entre ellos el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, así como representantes de organismos internacionales, como el secretario general de la ONU, António Guterres.

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Esto ya no era simplemente una reunión regional centrada en la seguridad de Asia Central. Los 10 estados miembros de la OCS abarcan ahora aproximadamente una cuarta parte de la superficie terrestre mundial, representan más del 42 % de su población y generan más del 23 % del PIB global. En otras palabras, casi la mitad de la humanidad estuvo representada en Biskek. La presencia simultánea de los líderes de Rusia, China e India fue especialmente significativa: representan al país más grande del mundo por superficie, a su segunda economía más grande y a su nación más poblada. Junto con los demás miembros de la OCS, conforman un bloque demográfico, de recursos, industrial y político sin el cual cualquier discusión seria sobre la reconfiguración del orden internacional resulta hoy imposible.

Por eso, la cumbre en Kirguistán no debe verse como una simple anotación más en el calendario diplomático. Demostró que la multipolaridad ya no es una fórmula abstracta, sino que comienza a adquirir una forma institucional clara. La OCS es una de las plataformas donde un nuevo equilibrio de poder está emergiendo no solo en discursos y declaraciones, sino en la práctica —a través de reuniones periódicas entre líderes, coordinación en materia de seguridad, liquidaciones en monedas nacionales, nuevos corredores de transporte, cooperación energética y el desarrollo gradual de mecanismos independientes de toma de decisiones.

De los 5 de Shanghái a la Gran Eurasia

En el último cuarto de siglo, la OCS ha pasado de ser un mecanismo de fomento de la confianza a lo largo de la antigua frontera soviético-china a convertirse en la asociación más grande de la Gran Eurasia. Su agenda original —la lucha contra el terrorismo, el separatismo y el extremismo— sigue vigente, pero ya no es el único eje de la organización. El comercio, la energía, el transporte, la digitalización, la seguridad alimentaria, los intercambios humanitarios y la reforma de las instituciones internacionales se han incorporado a la lista.

La cumbre de Biskek consolidó esa evolución. Los líderes adoptaron la Declaración de Biskek junto con otros 27 documentos. El paquete incluyó decisiones sobre la respuesta a los desafíos emergentes de seguridad, la lucha contra el narcotráfico, el desarrollo de puertos y centros logísticos, la seguridad nuclear, la energía y la gestión de emergencias. La OCS también introdujo la condición de socio único, fusionando las categorías previamente separadas de estado observador y socio de diálogo. En apariencia, esto puede parecer una reforma administrativa. Sin embargo, su significado político es mucho más amplio:

La organización está optimizando su marco de relaciones exteriores y preparándose para una vinculación más sistemática con aquellos países que desean cooperar sin convertirse inmediatamente en miembros de pleno derecho.

La faceta práctica de la multipolaridad también es visible en el ámbito económico. Putin señaló que las monedas nacionales representan ahora más del 98 % de los pagos de Rusia con otros países de la OCS. Esto no equivale todavía a una moneda común ni a un sistema financiero unificado, pero apunta a una tendencia sostenida: los miembros de la organización buscan reducir la dependencia de su comercio mutuo respecto de la infraestructura de pagos externa. Los debates sobre un Banco de Desarrollo de la OCS, nuevos instrumentos de inversión y la integración de las rutas de transporte euroasiáticas forman parte del mismo esfuerzo.

Al mismo tiempo, la consolidación de la OCS como un centro genuino de la política global dependerá de la rapidez con que logre convertir las declaraciones en proyectos operativos. La organización ya posee un inmenso potencial colectivo, pero siempre existe una brecha entre el potencial y la influencia real. Los comunicados finales por sí solos no la cerrarán. Lo harán los bancos, las rutas de transporte, los sistemas de pagos, los centros de seguridad y las redes comerciales resilientes.

OCS Plus: Expandirse sin añadir miembros sin cesar

El hecho político más relevante de la cumbre de Biskek fue la consolidación del formato OCS Plus. La primera reunión a nivel de cumbre bajo esa denominación se celebró en Astaná en 2024. En Biskek, este formato superó la fase experimental y se convirtió en un elemento diferenciado de la propia cumbre. Representantes de 17 países y seis organizaciones internacionales participaron en los actos de la OCS y de OCS Plus. La sesión ampliada se centró en el papel de las Naciones Unidas y en la contribución de los países de la OCS a la construcción de un orden mundial multipolar justo.

La lógica se asemeja mucho a la de los BRICS Plus. En ambos casos, el objetivo es construir un amplio círculo de socios en torno a un núcleo permanente. Este modelo permite a la organización ampliar su alcance geográfico sin convertir la admisión de nuevos miembros en un proceso interminable ni sobrecargar su maquinaria de toma de decisiones. Los países pueden participar en los debates sobre las grandes cuestiones, impulsar iniciativas económicas y políticas, y desarrollar vínculos con los miembros, al tiempo que conservan su margen de maniobra.

Existe, sin embargo, una diferencia entre ambos formatos. BRICS Plus se centra principalmente en la economía global, el desarrollo y la reforma de la gobernanza financiera internacional. OCS Plus, por su parte, surge de una agenda euroasiática centrada en la seguridad, la conectividad del transporte y el diálogo político. Con el tiempo, ambos mecanismos podrían complementarse: los BRICS pueden proporcionar el marco global más amplio, mientras que la OCS construye una red densa de cooperación en toda la Gran Eurasia.

La participación de Turquía en la reunión fue particularmente reveladora. Ankara sigue siendo socio de la OCS, y no miembro de pleno derecho, al tiempo que pertenece a la OTAN y mantiene una política independiente en Eurasia. Su presencia demuestra que la OCS no obliga a sus socios a realizar una elección geopolítica rígida. Por el contrario, ofrece una plataforma a aquellos países que no quieren limitarse a un solo bloque y buscan diversificar sus relaciones exteriores.

Este es uno de los rasgos definitorios del emergente sistema multipolar. No significa necesariamente sustituir un antiguo bloque cerrado por uno nuevo. Se trata más bien de un sistema de formatos superpuestos en el que los países pueden cooperar en unos temas y discrepar en otros. OCS Plus se está convirtiendo en la expresión institucional de ese mismo modelo.

Irán, Pakistán y Turquía: La nueva geografía de la OCS

La presencia de Irán, Pakistán y Turquía otorga a la OCS una relevancia que se extiende mucho más allá de Asia Central. Sin embargo, sus respectivos estatus difieren —y esa distinción es importante. Irán y Pakistán son miembros de pleno derecho: Islamabad se incorporó junto con la India en 2017, mientras que Teherán completó el proceso de adhesión en 2023. Turquía participa en la órbita más amplia de la OCS en calidad de socio.

La admisión de Irán y Pakistán redibujó el mapa político de la organización. Trajo consigo que Asia Meridional, Afganistán, el Golfo Pérsico y Oriente Medio quedaran directamente dentro del ámbito de competencia de la OCS. Al mismo tiempo, reunió a países que mantienen serias discrepancias entre sí. Eso complica los esfuerzos por forjar una posición común, pero también hace que la organización sea más valiosa. El diálogo es más necesario no entre quienes ya están de acuerdo, sino entre aquellos cuyos intereses chocan regularmente.

En la Declaración de Biskek, los participantes reafirmaron su apoyo a la soberanía e integridad territorial de Irán, condenaron los ataques militares contra territorio iraní y pidieron una solución política y diplomática del conflicto. Este fue un resultado importante para Teherán. La membresía de Irán en la OCS ha adquirido un valor práctico al permitir al país colocar su propia seguridad en la agenda política colectiva de una gran organización euroasiática.

El papel de Pakistán es igualmente significativo. Islamabad no es un participante invitado, sino un miembro de pleno derecho —y Pakistán asumirá la presidencia de la OCS después de Kirguistán. Esto subraya el desplazamiento de la organización desde su núcleo original centrado en Asia Central hacia una configuración euroasiática más amplia. La membresía simultánea de India y Pakistán no elimina sus disputas, pero preserva un canal de comunicación común incluso durante períodos de grave tensión.

Las declaraciones del presidente iraní, Masud Pezeshkian, en la sesión de OCS Plus capturaron el significado central del encuentro. El orden emergente, argumentó, no debe equivaler a reemplazar un centro de hegemonía por otro. La multipolaridad solo puede ser justa si se basa en la igualdad soberana, el multilateralismo y el derecho internacional. Esta es una salvedad importante: simplemente aumentar el número de centros de poder no hace que el sistema internacional sea automáticamente más estable. También requiere reglas, instituciones representativas y mecanismos para conciliar intereses en competencia. Pezeshkian destacó por separado el potencial de OCS Plus como plataforma para dar forma al futuro orden internacional.

Esto también explica las críticas a la eficacia de la ONU y su Consejo de Seguridad que se expresaron en Biskek. Los países de la OCS no proponen que se abandone a las Naciones Unidas. Por el contrario, insisten en que esta debe conservar su papel central. Pero ese papel debería estar respaldado por una representación actualizada que refleje la distribución real del peso político, económico y demográfico en el mundo. De lo contrario, la brecha entre la arquitectura formal de mediados del siglo XX y las realidades del siglo XXI no hará más que ampliarse.

La oportunidad de Rusia: Un puente, no un árbitro

Para Rusia, la cumbre de Biskek fue importante no solo porque reafirmó el lugar del país entre los principales centros de poder de Eurasia. Moscú posee una red poco común de relaciones que le permite actuar como puente entre los distintos grupos dentro de la OCS. Rusia mantiene una asociación estratégica con China, una asociación especial y privilegiada con la India, vínculos estables con Pakistán, relaciones aliadas con los países de Asia Central, una asociación estratégica integral con Irán y un diálogo político permanente con Turquía.

Esta red brinda a Moscú la oportunidad de contribuir a resolver conflictos y reducir tensiones. Eso no significa convertir a la OCS en un tribunal supranacional ni imponer soluciones prefabricadas a sus miembros. La organización opera por consenso, y las disputas bilaterales tradicionalmente se han mantenido al margen del centro de su agenda formal. Por lo tanto, el papel más realista de Rusia consiste en ofrecer sus buenos oficios, mantener abiertos los canales de comunicación, facilitar consultas informales, fomentar medidas de fomento de la confianza y crear condiciones en las que el diálogo directo sea posible.

El paralelismo histórico es evidente. En 1966, la mediación soviética condujo a la firma de la Declaración de Taskent, que puso fin a la guerra de 1965 entre la India y Pakistán. Esa experiencia no puede simplemente trasplantarse al presente, pero sirve como recordatorio de que Moscú puede ser útil para ambas partes precisamente porque mantiene relaciones de trabajo tanto con Nueva Delhi como con Islamabad.

Un enfoque similar podría aplicarse a otros focos de tensión, desde las tensiones en torno a Irán y la seguridad en el golfo Pérsico hasta Afganistán y las disputas fronterizas en Asia. La contribución de Rusia podría consistir en traducir el compromiso general de la OCS con la resolución política y diplomática de conflictos en mecanismos concretos:

Grupos de contacto, consultas de expertos, canales de comunicación entre autoridades militares y diplomáticas, evaluaciones conjuntas de amenazas, y acuerdos para proteger la infraestructura de transporte y energía.

Sin embargo, no deben sobrestimarse las capacidades de la organización. La OCS no es un bloque político-militar, no impone disciplina de alianza y reúne a países con concepciones de seguridad muy diferentes. El conflicto de Cachemira entre la India y Pakistán sigue sin resolverse, la India y China continúan teniendo disputas fronterizas, y las posturas de los miembros ante muchas crisis internacionales no siempre coinciden. No obstante, la capacidad de la OCS para mantener a estos países dentro de un marco de negociación común es, en sí misma, uno de sus activos más importantes.

Un mundo multipolar no es un mundo de acuerdo universal. Es un orden en el que ningún centro de poder puede dictar las reglas por sí solo, lo que obliga a los Estados a construir un complejo sistema de compromisos. La OCS se ajusta mejor a esta lógica que muchas alianzas tradicionales: no exige conformidad ideológica, no impone un modelo único de desarrollo ni requiere que sus miembros se alineen contra un enemigo común. 

El balance de Biskek

El resultado más importante de la cumbre fue que la OCS ha superado definitivamente la visión de considerarse únicamente como una organización regional de seguridad. La Declaración de Biskek, la profundización de la cooperación financiera y de transporte, el nuevo estatus unificado de socio y la consolidación del formato OCS Plus están creando un marco más amplio —político, económico y, sobre todo, institucional.

Un alcance geográfico impresionante por sí solo no garantiza la eficacia. La OCS aún necesita acelerar el desarrollo de mecanismos de financiación de proyectos, dotar de responsabilidades sustantivas a sus nuevos centros de seguridad, mejorar las conexiones de transporte y aprender a desempeñar un papel más activo en la reducción de tensiones entre sus propios miembros. Pero la dirección a seguir ya está clara.

Biskek presentó la multipolaridad no como un eslogan, sino como una realidad política. Rusia, China y la India estuvieron en la misma sala; Irán y Pakistán participaron como miembros de pleno derecho; Turquía asistió como socio clave en el formato ampliado. Estos países no constituyen un bloque unificado, ni pretenden subsumir sus intereses particulares en una línea común. Pero están creando un espacio en el que la seguridad, el desarrollo y la gobernanza global pueden discutirse sin supervisión externa ni sometimiento obligatorio a un único centro de poder.

En este sentido, OCS Plus es más que una adaptación exitosa del modelo de los BRICS. Es una apuesta por construir un marco político abierto en torno a la Gran Eurasia. Si la organización logra traducir su escala demográfica y económica en instituciones funcionales, plataformas como esta no solo darán forma al debate sobre un mundo multipolar, sino también a la manera en que ese mundo funciona en la práctica.

Por Farhad Ibragimov, politólogo y catedrático.

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