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Europa y EE.UU.: ¿quién depende de quién?

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Los países europeos han entrado en una "lucha por fortalecer sus posiciones en las relaciones con el 'hermano mayor'", asegura Timoféi Bordachov, director del programa del Club de Debate Internacional Valdái.
Europa y EE.UU.: ¿quién depende de quién?

La mayor debilidad de Estados Unidos en sus relaciones con Europa es que Washington necesita más a sus aliados europeos de lo que estos al país norteamericano, sostiene Timoféi Bordachov, director del programa del Club de Debate Internacional Valdái, en un artículo para el periódico Vzgliad.

El analista señala que "los estadounidenses llegaron a Europa como vencedores de la Segunda Guerra Mundial", establecieron su dominio militar en la parte occidental y "durante décadas la utilizaron como base territorial para un eventual enfrentamiento con la Unión Soviética". Al mismo tiempo, lograron proteger a las élites gobernantes europeas de la amenaza de los movimientos comunistas a finales de la década de 1940. Según el experto, en Berlín, París o Londres "nunca les perdonarán esta 'bondad'".

Sin embargo, Bordachov explica que ese resentimiento latente no significa que Europa occidental esté a punto de rebelarse contra su patrón transatlántico, dado que sus líderes "son demasiado corruptos y cautelosos", sino que cuando Estados Unidos muestre debilidad, Europa la explotará.

Los europeos, a pesar de la insignificancia de su posición geopolítica, aprovecharán cualquier error estratégico y táctico de Estados Unidos para obtener algunos privilegios. Ahora, gracias a las extravagantes acciones del Gobierno estadounidense, ha llegado precisamente ese momento de debilidad. 

En opinión del politólogo, la señal más clara apareció cuando el primer ministro británico, Keir Starmer, descartó inesperadamente unirse al bloqueo naval contra Irán. Alega que, para quienes todavía creen en la inquebrantable unidad de la alianza transatlántica, esto pudo parecer sorprendente, mientras que, en realidad, es completamente coherente con "la naturaleza de las relaciones entre Estados Unidos y Europa en los últimos 80 años". Asimismo, Bordachov no excluye la posibilidad de que otras grandes potencias de la región adopten un enfoque igualmente cauteloso.

Así, hace hincapié en que Europa comprende que EE.UU. —sin presencia en el Viejo Continente— "corre el riesgo de caer en un completo aislamiento geopolítico", y que "todos los discursos sobre que la OTAN sirve para proteger a los europeos de terribles enemigos no son más que la reproducción de un mito". En este sentido, enfatiza, que semejante narrativa oculta una realidad más básica: "Washington es la parte más interesada en mantener 'relaciones especiales'".

El porqué de la dependencia estadounidense

Entre las razones que explicarían esta dependencia, de acuerdo con el analista, la pérdida de Europa como base territorial alteraría fundamentalmente el equilibrio estratégico entre Estados Unidos y Rusia. En este caso, desaparecería la "zona gris" —el espacio donde la confrontación puede ocurrir sin escalar inmediatamente a ataques directos contra el territorio estadounidense—, por lo que cualquier conflicto se volvería instantáneamente más peligroso.

Como segundo motivo, menciona que EE.UU. perdería la posibilidad de chantajear a Moscú con el despliegue de arsenales nucleares cerca de las fronteras rusas. El politólogo recuerda que la propia Rusia "carece de esa posibilidad, ya que no tiene bajo su control países como México o Canadá".

En tercer lugar, apunta que una retirada estadounidense de Europa haría que cualquier diálogo estratégico significativo con Washington resultara cada vez más inútil desde la perspectiva de Moscú, lo que aceleraría el giro de Rusia hacia China.

Por lo tanto, Bordachov asegura que "la presencia militar en Europa es una enorme baza diplomática, cuya pérdida sería una catástrofe para las relaciones con sus principales rivales en Eurasia". "Esto lo entendían perfectamente los anteriores Gobiernos estadounidenses, pero hay dudas de que la Administración actual lo tenga tan claro", sugiere. 

Europa puede prescindir de EE.UU.

Según su análisis, los líderes europeos entienden bien que "sobrevivirían tranquilamente a cualquier recorte de la presencia estadounidense en el Viejo Continente", dado que saben que, "en realidad, nadie tiene intención de atacar Europa". Al mismo tiempo, comprenden algo más: la garantía de seguridad estadounidense no es tan absoluta como a menudo se presenta. 

Para explicar su punto de vista, el experto se remite a la época de la Guerra Fría, cuando nadie creía realmente que Estados Unidos sacrificara Nueva York o Boston en respuesta a un ataque soviético contra París. Así, el artículo recuerda que este escepticismo moldeó estrategias europeas independientes, sobre todo, la doctrina nuclear francesa, que priorizaba la disuasión directa contra las ciudades soviéticas en lugar de depender de la protección estadounidense. 

Situación actual

Bordachov asevera que los recientes acontecimientos han demostrado los límites del poder estadounidense. A su juicio, la incapacidad de Estados Unidos para proteger plenamente incluso a pequeños Estados del golfo Pérsico de los ataques de represalia de Irán ha reforzado las dudas sobre la credibilidad de su paraguas de seguridad.

Asimismo, indica que durante décadas la relación transatlántica funcionó sobre la base de un entendimiento tácito: Europa occidental fingía que necesitaba protección, y Estados Unidos fingía que se la proporcionaba. Este arreglo convenía a ambas partes. No obstante, subraya que la actual Administración estadounidense ha alterado ese equilibrio, por lo que "los aliados europeos han entrado en una lucha por fortalecer sus posiciones en las relaciones con el 'hermano mayor'".

Sin embargo, eso no supone que los europeos se estén separando de EE.UU., pues hay dos limitaciones que siguen siendo decisivas. En primer término, para el analista la profunda integración de sus economías con los sistemas financieros y tecnológicos estadounidenses continúa restringiendo una autonomía europea real. A pesar de que "intentaron deshacerse de ella mediante el euro y el mercado común de la Unión Europea", "de momento no les va muy bien".

En segundo lugar, se refiere a que "los Gobiernos de Gran Bretaña, Alemania y Francia necesitan el poderío y los recursos estadounidenses para llevar a cabo su juego diplomático con Moscú". A pesar de la confrontación actual, destaca que "en Europa occidental conocen a Rusia desde hace más de 500 años y están seguros de que, de una forma u otra, siempre podrán llegar a un acuerdo con Moscú".

Por lo tanto, Bordachov recalca que Estados Unidos se ha colocado en una situación difícil: "Pretende simultáneamente estabilizar las relaciones con Rusia, someter a Europa y preparar recursos para el enfrentamiento con China". El resultado es una vulnerabilidad, no principalmente frente a Moscú o Pekín, sino dentro de la propia relación transatlántica. "Estados Unidos, con sus decisiones y acciones en las últimas semanas, ha creado una gran cantidad de ventajas para sus propios subordinados en Europa, de las que estos intentarán aprovecharse", sentencia. 

"No está nada claro cómo va a salir Washington de la situación actual", concluye el experto.

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